“Todos tenemos nuestra cuerda” por Vanessa Coral

La obra de la talentosa Wendy Ramos hace su último recorrido dejando a su paso corazones más libres en sus últimas funciones en Lima.

Vanessa-Coral

Es casi imposible para mí escribir esta nota sin hacer mención a las escenas de “Cuerda”, que me impactaron, que hicieron que un nudo en la garganta me dejara sin nada dentro, porque las lágrimas no se derramaron en mi butaca sino en casa, recordando esos pasajes de mi vida que aún me duelen. Pero no quiero, que los que aún no han tenido el placer de ver esta obra tan íntima de Wendy Ramos, pierdan esa transmisión de sentimientos que solo la payasa Wendy con sus súper poderes de nariz roja, logra transmitirnos.

 

Un muy buen amigo me recomendó el año pasado que tenía que ver Cuerda, que se estrenaba en la quincena de febrero, con ese impulso que siento muy pocas veces anime a una amiga a comprar las entradas en preventa, mi amigo me advirtió: ¡Cómpralas ya porque se agotan, es la última temporada, no hará más!. Y cómo no quedar seducida por la afirmación de ver una obra por última vez, seguro tendrá la magia de un sueño que se termina, pero que ha andado tanto entre tu mente y tu corazón que ya es maduro, casi tatuado en tu piel. Además, mi amigo me dijo: ¡Y tú tienes que verla! Eso me cautivo aún más, ¿encontraría respuestas a mis preguntas existenciales?

Llegó el día de nuestra función, emoción semanas antes, se sumó una amiga más de la universidad que no veía fácil hace 10 años. Se creó un grupo Whatsapp para estar en sintonía y que gracias a las emociones que la obra generó en nosotras,  sigue vivo.

La noche de la función, llegué puntual, mis amigas con retraso. Me daba roche tomarme foto con la gigantografía de la obra, así que de  lejitos nos tomamos una con mi amiga. La segunda llegaría, para variar minutos antes del inicio de la obra. Grace y yo teníamos una emoción que no puedo describir, quizás porque ambas compartimos esta etapa de transición. Felizmente, Claudia llegó a tiempo para ubicarnos en las butacas. Los avisos de INDECI de esta obra, son los mejores que he escuchado en mi vida, desde allí supe que la noche sería mágica.

Desde niña papá me llevó al teatro infantil, de adolescente se perdió la costumbre y cuando empecé a trabajar, procuraba ir aunque sea una vez al año al teatro. Los últimos 10 años he sido un desastre, creo que fui solo 3 veces. Por eso, la primera meta del 2018 fue retomar ir al teatro y que mejor inicio que con “Cuerda”.

Voy a tomar las palabras de Wendy para describir “Cuerda”:

“Es mi primer trabajo personal. Tuve la suerte de poder trabajar mis ideas con cuidado, con cariño y con la ayuda de maestros y amigos queridos. Entre la primera vez que amarré una soga a mi cintura y el estreno de Cuerda, pasaron 5 años. Todo ocurrió tan lentamente que pensé que iba a ser como esos amores platónicos que siempre están en tu corazón, pero nunca besan tus labios”.

Me mató con lo de amores platónicos, puedo decir que tengo un PHD en eso.

En una bella metáfora se convierte esa cuerda amarrada a la cintura de una Wendy mimetizada con su personaje de payasa, tanto que no sabes si es Wendy quien te habla o es su alma transformada en payaso quien te toca el corazón con su voz, con su mirada.

La obra fue un recorrido por etapas de la vida de una payasa que se cuestiona, qué se analiza y se da cuenta que 50 minutos no es una hora, que la libertad tiene un precio y la ausencia física de los que amamos nunca se llena. El autodescubrimiento de tu escencia, de lo que realmente eres más allá de la opinión advenediza de los otros, que opinan sin conocer el interior de tu alma.

Fue un viaje maravilloso a través de Wendy por mi propio ser, verme reflejada en sus vivencias, encontrar respuestas, decirme a mí misma: Ves todos pasan alguna vez por la soledad y sobreviven. Una payasa que llena el escenario con su sensibilidad, con su interacción con el público, que se vuelve cómplice y actor de reparto de la obra. Una obra que al terminar solo dices: Gracias porque existen actores que logran ayudarte a mirar dentro de ti. El teatro es un catalizador  fantástico de liberación de esas vivencias que aún no puedes superar.

Gracias Wendy, gracias Cuerda porque aquella función 98 me ayudó a tomar decisiones, a liberarme un poco más de miedos, de tener la certeza que son el resultado de mis propias decisiones, de ese afán a veces tonto de seguir atada a mi cuerda. Gracias porque vi claramente cuáles eran mis ataduras, finalmente le di un nombre.

En este viaje final de Cuerda deseo que muchos corazones sean tocados por el mensaje de la obra, y que esa sensibilidad que alcanzamos sea llevada a nuestra cotidianidad, para hacer de esta sociedad un poco más humana, más solidaria.

V.C.Y

23.02.18

03:23 p.m.